GEOSOCIOLOGIA Y GEOPOLITICA DE LA GLOBALIZACION

Por Charles François

Presidente Honorario
Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y Cibernética (GESI) (Argentina)

Profesor Visitante
Instituto Andino de Sistemas - IAS, (Perú)

© Proyecto Cerebro Colectivo, Instituto Andino de Sistemas - IAS, Lima - Perú, 2000.
http://www.concytec.gob.pe/ias/index.htm

 

 

 


 

 

1. Introducción

La globalización es un resultado de las profundas transformaciones tecnológicas y económicas del último medio siglo. Pero estas transformaciones han originado cambios sociales no menos profundos. Y a su vez, estos cambios sociales contribuyen en definir las modalidades de la globalización. Esta misma, nuevamente, está provocando nuevos cambios sociales que seran quizás aún más profundos que los anteriores. Finalmente (ver el estudio referente) toda esta evolución - o revolución - tendrá sin lugar a dudas un impacto considerable sobre la psicología y la vida de los individuos.

2. La Evolución Social de los Ultimos 150 Años

En 1820 la inmensa mayoría de la población del planeta estaba aún viviendo en el campo, de la agricultura. Pequeños grupos se dedicaban a las industrias extractivas o a la artesanía bajo sus diversas formas. Las ciudades, mucho menos numerosas y pobladas que ahora, concentraban una pequeña minoría de administradores, acompañados por una reducida nobleza y burguesía y por grupos de artesanos.

Esta situación se había modificado poco y de manera imperceptible desde el Medioevo en toda Europa (Rusia incluída). Existía en formas má o menos parecida en Asia del Sur (India, Indochina e Indonesia) y Oriental (China, Japón).

También en las dos Américas, la población campesina era ampliamente dominante.

Adoptando una cómoda clasificación, diremos que el sector primario - dedicado a la explotación directa del entorno - concentraba la casi totalidad de la población.

El sector secundario - básicamente el de la transformación industrial - era casi inexistente. Y el sector terciario - el de los servicios - era muy reducido, a la vez por que los problemas de organización no eran muy considerables, y que no existía una riqueza sobrante suficiente para su desarrollo.

La Revolución Industrial del Siglo XIX y primera mitad del Siglo XX destruyó rápidamente este orden multisecular en el Mundo Occidental. El fenómeno se propagó después al Mundo Asiático y prosigue aún allí, en particular en China y en India. Sólo Africa Central ha escapado hasta ahora en gran parte a esa tendencia universal.

La industrialización generó un formidable movimiento de succión hacia las ciudades donde principalmente se desarrollaron las empresas productivas de bienes manufacturados. (El mismo fenómeno se observa en este momento en las provincias del Guan Dong y del Fu Jian en las costas del Sur de China). Así se desarrolló masivamente el sector secundario, el de la transformación. En algunos países, cerca, o más de la mitad de la población activa se incorporó a este sector, bajo la forma de un vasto proletariado urbano, al principio sin instrucción ni formación profesional y, por vía de consecuencia, explotado y miserable. Esta situación fue la causa principal de cien años de convulsiones sociales y políticas frecuentemente violentas y aún sangrientes. No fue tampoco, por cierto, ajena a la expansión colonial ni a los grandes masacres bélicos de este siglo.

Este recuerdo histórico no debería pasar desapercibido: Todos estos dramas fueron provocados principalmente por el choque psíquico de la transculturación de decenas de millones de personas y por su desesperación a causa de los terribles e interminables abusos de que fueron víctimas. Si se admite que causas parecidas pueden provocar efectos similares, los líderes económicos de hoy no deberian repetir -bajo formas diferentes- errores y abusos similares si no quieren enfrentarse con nuevas violencias del mismo orden.

Con el paso de las generaciones, sucedieron dos fenómenos sociales y una transformación tecnológica que llevaron a un nuevo desarrollo, al menos en el Mundo Occidental.

La primera transformación fue la rápida aparición de problemas generales de organización que llevó a un considerable crecimiento de la clase de los organizadores y proveedores de servicios, o sea el llamado sector terciario. Este empezó a reclutar sus miembros principalmente en el sector secundario, ya que el sector primario se encontraba considerablemente reducido.

Ello fue posible por dos circunstancias concurrentes. La primera fue que el sector de la transformación industrial prosiguió con una rápida evolución tecnológica en pos de una mejor productividad, una disminución de los costos y en general una creciente eficiencia. De esta manera, la producción creció mucho más rápidamente que las necesidades en mano de obra. Por otra parte, de los proletarios pobres e ignorantes del pasado empezaron a surgir en las generaciones siguientes muchos individuos mejor instruídos y más ambiciosos. El doble resultado fue que el sector industrial encontró la gente más calificada que necesitaba y que el sector administrativo y de servicios encontró gente apta y disponible para ingresar en sus organizaciones. En los países industrializados históricos ello llevó a una creciente merma númerica de los integrantes del sector secundario (que en algunas partes habia alcanzado a más del 50% de la población). Paralelmente, el sector terciario se diversificó aún más y absorbe ahora a su vez más del 50% de la población activa.

Ello es lo que pasó y sigue pasando en los paises occidentales. Mientrás tanto, el mismo proceso progresa con un atraso de 25 a 100 años en el resto del mundo.

De ello resultan consecuencias importantes desde el punto de vista de la globalización. Se observa una suerte de división según continentes y países entre lo que podría calificarse de industrialización de primer grado y otra de segundo grado. La primera es la industrialización con uso masivo de mano de obra barata, como se vió en Europa Occidental en el siglo pasado. Los paises en vías de desarrollo usan esta fase como peldaño hacia la segunda fase de la industrialización. Este ciclo se ha completado ya por ejemplo en el Japón. Este país exportaba entre 1930 y 1955, aproximadamente, productos de muy baja calidad, pero sumamente baratos: bicicletas, textiles, relojes, etc...

Así creó una base industrial que le permitió penetrar más recientemente en sectores de mejor nivel tecnológico, que hicieron rápidamente olvidar las anteriores baratijas de pésima calidad. Un camino similar parece ahora seguir China.

Del punto de vista de la repartición mundial de las actividades industriales, estamos pues aún en una fase de transición, que puede todavía durar 20 o 50 años más, hasta que todos los paises importantes del mundo tengan una industria de alta tecnología... y una mano de obra de alto costo. En este período las víctimas son de dos tipos.

En primer lugar, las empresas del Mundo Occidental que han acumulado atraso técnico estaran condenadas ya sea a la desaparición, ya sea a la modernización en catástrofe y a cualquier costo. Este fenómeno es bien visible por ejemplo en algunos países sudamericanos que creyeron en la posibilidad de crear una base industrial únicamente al abrigo de una muralla tarifaria.

En segundo lugar, la modernización por el uso de alta tecnología y de fuertes inversiones de capital parece estar creando un nuevo sector en la población: el de la gente que no se necesita, o sea desocupados y jubilados prematuros, o personas que se ven ahora obligadas a aceptar empleos muy temporarios con contratos que no les garantizan ninguna protección social y frecuentemente con remuneraciones muy inferiores.

Esta especie de sector cuaternario podría revelarse a corto plazo una fuente de muy graves problemas. Si no se les renumera, por ser obsoletos o inútiles, uno se pregunto como estas personas podrán seguir siendo consumidores de lo que se produce. Por otra parte, sería muy optimista pensar que una gigantesca masa de marginados socio-económicos aceptaran de buen grado su estado de marginados. En condiciones distintas, no la aceptaron los proletarios de fin del Sigo XIX, y todos sabemos las terribles consecuencias que esta situación acarreó.

Si, además, la situación se extiende mundialmente, a países altamente poblados, podría tornarse explosiva... globalmente.

El economista y sociólogo americano Jeff Gates reflexiona en forma muy aguda sobre el tema diciendo que el problema del capitalismo no es de haber creado mucho capital sino de haber creado pocos capitalistas. Es un curioso éco a más de 100 años de distancia de los comentarios de Marx acerca de la apropriación de los bienes de capital en manos de pocos.

La solución propuesta por Gates - no realmente nueva - es el accionariado universal para todos los participantes de las empresas. No es muy seguro que complazca a los grandes dueños capitalistas, quienes obviamente invertieron ingentes sumas para disminuir su dependencia hacia la mano de obra. Por otra parte, no parece resolver en principio el problema de la mayoria de los marginados que no tienen empleo. Es sin embargo positivo ver que la existencia del problema esté reconocida en el centro vital del capitalismo mundial.

3. La Mundialización de la Política

En un pasado aún reciente, cada continente, cada país, y en ciertos países de gran extensión cada región tenía sus problemas propios y específicos. Ello sigue siendo cierto.

Sin embargo, la multiplicación de los lazos geográficos y la intensificación y aceleración de los intercambios de todo tipo entre las distintas partes del planeta está agregando una nueva dimensión a todas las situaciones. Hay cada vez menos entidades locales que no deban tener en cuenta algún desarrollo o efecto que les influye desde larga distancia.

En consecuencia, la administración de los problemas no puede ya más reducirse a la consideración de las situaciones locales. El politólogo frances Bertrand de Jouvenel escribió hace ya muchos años que ahora "los estados-naciones son demasiado chicos para resolver los problemas grandes... y demasiado grandes para resolver los problemas chicos". Y en efecto, se observa un doble movimiento hacia la autonomía de regiones en las naciones y hacia la creación de organizaciones supra-nacionales cada vez más numerosas.

Ello plantea problemas políticos de muy difícil manejo. De no cuidarse, los políticos tradicionales van a tornarse obsoletos a breve plazo. En teoría, la política es el arte de gobernar. En la práctica es mucho más frecuentemente el más simple arte de agarrar las manijas, en general para servir intereses particulares, y sin mucho entendimiento real de las situaciones que se presentan.

Los políticos de nuestro siglo probablemente no han sido menos capaces - o incapaces - que sus predecesores, pero su tarea se ha complicado considerablemente. Lo que distinguía al verdadero estadista en el pasado era la capacidad de síntesis en la visión de los asuntos complejos de la organización general de una sociedad, que no cambiaba en lo fundamental y cuyo tamaño la hacía manejable.

Pero ahora se necesitan talentos mucho más formidables. Dos ejemplos recientes lo demuestran ampliamente.

El primero es la suerte de la Unión Soviética y de su supuesta sucesora la "Comunidad de Estados". El derrumbe de la Unión Soviética es un ejemplo de pérdida de control de una organización política que se había complejizado enormemente en los 72 años que se mantuvo. La élite de los aparatchiks, cegados por su ideología y sus privilegios adquiridos, no se dió cuenta que no se podía ya manejar un estado multicultural industrializado, con programas nucleares y espaciales y centenares de miles de técnicos, ingenieros y científicos con los mismos conceptos y métodos que una nación de mujiks miserables e ignorantes. Y la situación sigue casi caótica ahora porque todavía no se ha formado una nueva clase de dirigentes económicos y políticos que sepan interpretar y manejar las nuevas realidades.

La Unión Europea está mejor parada. Sin embargo, cualquier proyecto comunitario se ha encontrado y se sigue encontrando frenado y hasta bloqueado porque implica la construcción progresiva de un orden continental multi- (o trans-) nacional cuya lógica y necesidades estan a veces directamente reñidos con el viejo pensamiento y hasta con las reacciones viscerales de los antiguos nacionalismos. Como siempre, se quieren las ventajas, sin someterse a las nuevas y necesarias modalidades de organización, a veces reñidas con intereses locales tradicionales. Para colmo, los asi llamados Eurocratas no tienen tampoco, en ciertos casos, una visión clara de las dificultades psicológicas y políticas de la transición.

Este fenómeno se observa también en todos los grandes organismos internacionales, empezando por las Naciones Unidas y sus organizaciones satélites. Negociar, transigir, componer son actitudes inevitables hasta que se reconozca claramente las necesidades fundamentales de un Mundo Globalizado. Pero, por más inevitables que sean, frenan, entorpecen y encarecen en términos de recursos - y lamentablemente de vidas humanas - las transformaciones indispensables.

El problema es que las claves interpretativas de las nuevas realidades no se enseñan por ninguna parte. La ciencia política tiene hasta ahora muy poco de ciencia porque se concentra sobre el estudio de las formas del pasado y hasta, por así decir sobre el aspecto formal de estas formas.

La Globalidad se entiende poco, porque es una novedad en la escala en que se presenta ahora. Y menos se entiende, ni interesa la dimensión temporal, que las políticas deberían también manejar a fin de respetar los derechos de nuestros descendientes.

En la práctica, muy pocos son los políticos que tienen la visión de la complejidad que, se supone, deben manejar.

En todos los niveles, los intereses especiales o locales, promocionados por los grupos de presión (lobbies, no pocas veces corruptos) comandan todas las acciones políticas. Ello sería por cierto comprensible y aceptable si la cohesión de conjunto fuera obtenida y respetada. Para ello se necesita una lógica económico-socio-política no-contradictoria, que podría sin duda basarse en el entendimiento de las condiciones de funcionamiento de los sistemas complejos, tales como se aplican a los grandes sistemas humanos.

Los conceptos y principios básicos ya existen, pero los principales administradores de nuestras vidas no los conocen, o peor, no se interesan en ellos. Si queremos evitar grandes catastrofes, posiblemente mucho peores que las del pasado, sería urgente que esta situación cambie.

BIBLIOGRAFIA

Bayle, F. et al: L'Empire des Techniques - Le Seuil, Paris, 1994
Buckley, Walter (Ed.): Sociology and Modern Systems Theory - Prentice Hall, Englewood Cliffs, NJ., 1967
Buckley, Walter (Ed.): Modern Systems Research for the Behavioral Scientist - Aldin Publ., Chicago, 1968
Deutsch, Karl: Los Nervios del Gobierno: Modelos de Comunicación y Control Político - Paidos, Buenos Aires, 1971
Gates, Jeff: The Ownership Solution - Addison Wesley, Reading, Mass, 1998


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